Hay un nuevo pequeño ser en mi vida que comparte mi fascinación por las palabras. Me mira con los ojos tan abiertos, tan sedientos, tan asombrados, mientras oye por primera vez las palabras que serán las suyas, en esta dulce lengua nuestra.
Siento su leve peso contra mi pecho cuando después de mucho luchar contra el sueño -Porque le quita las palabras que adora- por fin se duerme. Yo le digo bajito que duerma, que las palabras y las canciones seguirán allí cuando despierte, que voy a seguir hablándole mientras sueña, que la música no se acaba, que bastará con abrir los ojos para que se encuentre con mi sonrisa, que lo voy a estar esperando al final de su sueño para seguir esta historia.