Cierro
los ojos y me ronda anhelante tu presencia. Siento tu olor rodeándome, siento
tu aliento caliente en mi garganta y el ardor de tu piel casi sobre la mía.
Abro los ojos y cobro conciencia de que llevas meses a miles de kilómetros de
esta silla. Pero tu presencia sigue aquí, insistente, poderosa. Mi boca se
entreabre para besarte y mi razón asustada le pide que no lo haga porque sabe
que no va a encontrar nada que no sea la absoluta ausencia…y aún así, una magia
desconocida logra invocar tu sabor, tu olor, la humedad ardiente de tu lengua
tanteando mis labios y la sensación enajenada de tus suaves mordidas que bajan
desde mi boca y me rozan el cuello, buscando mis pezones que se levantan
ansiosos ante tu conjuro.
No
más, no estás aquí. Me levanto y tomo agua fría, me como un hielo, me mojo la
cara y el pelo, respiro profundo y me miro al espejo que me devuelve una cara
cansada y una mirada insomne. Me parece oírte en nuestra habitación y te
contesto…De nuevo mi razón asustada me recuerda que no estás aquí, que estoy
hablando sola. Pero la mirada en el espejo se ha iluminado y los labios de la
cara cansada se han elevado en una sonrisa. Recuerdo que a pesar de que estás
lejos, no te he soñado. Recuerdo que esta es nuestra casa, que en nuestra
habitación está la cama que compramos juntos y en donde tantas veces nos hemos
amado.
Acostada en nuestra cama, es mucho más sencillo sumergirme en tu recuerdo y dejar que tus labios sigan su camino entre mis senos, dejar que tus manos me desnuden y me alboroten la piel, dejar que tu cálida presencia se instale entre mis piernas y me posea con sabia lujuria…Y quedarme dormida, feliz en la inconsciencia de tu larga ausencia. Mañana volaré a tu lado, es el último pensamiento de mi mente semidormida.
Acostada en nuestra cama, es mucho más sencillo sumergirme en tu recuerdo y dejar que tus labios sigan su camino entre mis senos, dejar que tus manos me desnuden y me alboroten la piel, dejar que tu cálida presencia se instale entre mis piernas y me posea con sabia lujuria…Y quedarme dormida, feliz en la inconsciencia de tu larga ausencia. Mañana volaré a tu lado, es el último pensamiento de mi mente semidormida.
Despierto, y la madrugada tiene el calor que siempre trae tu presencia. No quiero abrir aún los ojos, no quiero abandonar todavía el sueño en el que te encuentro…Pero el día me llama inexorablemente. Es tan fuerte el influjo de tu sueño que aunque sé que estoy despierta, con mis ojos aún cerrados siento tus brazos que me rodean, siento el sonido de tu respiración dormida. Odiando tener que hacerlo, abro los ojos y el corazón me salta. Tu también has salido de mi sueño, y estás aquí dormido, junto a mí, precisamente ahora que voy a irme al aeropuerto a buscarte en ese país lejano… Me levanto de puntillas, me visto, y tomo mi maleta… Miro por última vez tu imagen dormida, abrazando mi almohada, y me voy, preguntándome cómo vamos a hacer para encontrarnos de nuevo a miles de kilómetros de aquí, si de tanto anhelarte, ya te he traído a mi lado.
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